SHARENTING: compartir puede ser más peligroso de lo que creemos.

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Por Mariela Festorazzi.

En época donde las generaciones acostumbran a documentar y compartir cualquier momento importante de su vida, la coyuntura nos lleva a reflexionar, no a modo de crítica, sino para permitirnos repensar, si es necesario -o no- publicar fotos de los niños y niñas en las redes sociales.

El «Sharenting» -un anglicismo que proviene de share (compartir) y parenting (paternidad)- consiste en documentar las primeras sonrisas, palabras, pasos… y cada una de las anécdotas de los más pequeños.

Pero, ¿cuál es el problema? Esta situación donde a simple vista posee una apariencia inofensiva, puede traer consecuencias irreparables para los niños, quedando expuesta toda su intimidad sin su consentimiento.

En tiempos de redes sociales, existe la presión por estar hiperconectados todo el tiempo; esta presión lleva a la necesidad de compartir detalles de la vida íntima en redes públicas para poder “estar presentes”, así como a publicar o postear contenido de terceros para sentirse parte del grupo.

De aquella manera se comienzan a crear una «identidad digital» de los menores, a veces incluso antes de su nacimiento, mostrando a todo aquel que acceda a su cuenta los logros y desencuentros de sus hijos.

La identidad es el elemento que representa la individualidad de cada ser humano, ésta se ve lesionada por el sharenting o el comportamiento de padres al compartir en «exceso en redes sociales contenido sobre la vida de sus hijos».

La «Huella Digital» está formada por los rastros que dejamos al utilizar Internet, y todo lo expuesto en las redes queda al descubierto dejando las puertas abiertas para que aparezcan delitos como «cyberbullyng, grooming y online grooming» (acoso y abuso sexual online), como así también el acceso a pedófilos que pueden llegar a utilizar maliciosamente de un simple posteo información de un menor.

La mayoría de los padres solo se percata cuando el niño cuestiona la actitud, no siempre ven al niño como un sujeto de derecho y los chicos no tienen cómo defenderse. Muchas veces los padres caemos en la trampa narcisista de mostrar al niño como un logro, como un trofeo, y no dimensionamos los riesgos.

Tratándose de personas menores de edad, de la privacidad de niños y niñas, tenemos la responsabilidad de detenernos a pensar sobre una práctica que cada día cobra más peligrosa cotidianeidad. Creemos, que la principal herramienta para combatir los riesgos a lo que los dejamos expuestos es la educación. Deberíamos tener la precaución de saber con quien compartimos las imágenes de nuestros hijos.

En definitiva de todos nosotros depende ponerle un freno a esta forma de sobre exposicíon de las imágenes de nuestros hijos. Por lo menos hasta que de ellos tengan la capacidad de decidir que hacer con ellas.